"Es anecdótico cómo se me ocurrió porque habla de los procesos creativos. La corona antes (de 1995) era de metal repujado, como bronce. Era el momento de un cambio de gobierno y en Buenos Aires fue la primera vez que un joyero le dona el bastón al presidente de entonces. Todo eso lo tenía en mente. Estábamos con mi hermana en una  feria de joyería y ella vio un broche con forma de vid: de repente dije "qué buena idea" y ella no entendía mucho lo que quise decir. Entonces cuando volví a Mendoza se lo propuse a Luis Rosales (quien fue Secretario de Turismo de la provincia entre 1991 y 1995) y él me dio las condiciones: la corona tenía que ser folclórica (no del tipo de la realeza europea) y de 16 centímetros. Y ahí comenzó el proceso de creación. Convoqué a un equipo de 6 personas, comenzamos a tirar ideas y quedó la de hacer una corona que fuera embajadora de la provincia y con los elementos de la provincia. Se lo presenté a Rosales y se avanzó. Tardamos seis meses en hacerla".

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